LA ULTIMA VEZ QUE VI A YUN TAPIA
Por Paul Almanzar El pasado domingo fue inaugurado en La Guama un centro carismático para la comunidad de Cayetano Germosén y sus zonas aledañas. Al ser informado de la noticia empecé a recordar muchos momentos que pasé con nuestra querida Yun, “Madre de todos los guanabaneros”, como una vez la llamó Cheíno Hernández, en una velada en la que se celebraba el día a las madres y que tuvo lugar en el Club Casino Renacimiento. Generaciones y generaciones asistieron al catecismo durante varias décadas, éstas se nutrieron de sus enseñanzas, así como de su inocencia y su particular alegría. Yun fue como acostumbramos a decir: “una niña grande”. Me parece escuchar la cantar ‘Lunes antes de almorzar’, entonar ‘San Serafín del Monte’ o ‘Moscú está cubierto de nieve’ en aquellos sábados por la tarde en los que la iglesia se llenaba de niños, traviesos en su gran mayoría, pero que a la hora de participar en las actividades de la iglesia guardaban gran respecto y orden. Aquella tarde de Domingo, después de salir del servicio de adoración, decido acompañar a mi madre a visitar a Yun a un centro de salud ubicado en la ciudad de La Vega Real. Cuando llegamos, nuestra querida amiga sonrió como de costumbre. Después de intercambiar unas palabras, entoné las letras de una canción de agradecimiento al Señor. La canción era ‘Hoy Señor te damos gracias’. En ese momento Yun se levantó de su cama y cantamos varios canciones los tres, Yun, mi madre y yo. Fue un momento sumamente conmovedor. El agradecimiento a Dios fue parte de su vida y ahora, en su lecho de muerte lo hacía con la misma fuerza que cuando gozaba de buena salud. Una joven, que era testigo de lo que pasaba, se nos acercó y nos preguntó de forma discreta, y teniendo en cuenta que Yun no la escuchara, que quiénes éramos nosotros. A lo que prontamente mamá le repondió: “Somos su gente, querida de toda la vida”. La muchacha nos dijo: “Es algo extraño, pero esta mujer tenía tres días que no se levantaba y no ha probado bocado y ahora ustedes llegan y ella se levanta y hasta canta”. Toda una vida de servicio, hasta la muerte. En vida quizo dejar lo poco que poseía para hacer una casa de servicio a “Papá Jesús”, como solía referirse cuando hablaba del Señor.
Que bueno es pasar por el mundo cantando mi fe! |