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Testimonio inédito de Toribio Peña Jáquez

Escrito por: ÁNGELA PEÑA

 

Peña Jaquez y Claudio Caamaño. 

“Luego de salir del 14 de Junio y de uno de los productos de sus divisiones, la Unión del Trabajo de la República Dominicana, que estaba en proceso de desintegración, tomé muy en cuenta la invitación que me hizo el compañero Amaury Germán Aristy de que formara parte de su organización, más aún cuando éste me dijo de los planes de entrenamiento militar en la hermana República de Cuba, y de la presencia del coronel Caamaño en este asunto”.

 Son notas de un libro que dejó inédito el guerrillero Toribio Peña Jáquez, intrépido revolucionario, hombre de armas y de acción, resuelto, osado, que desembarcó dos veces en el país, primero en 1973, junto a Francisco Alberto Caamaño Deñó y otros soldados, y en otra incursión en la que participaron Claudio Caamaño y Manfredo Casado Villar.

Las vivencias del sencillo luchador fueron dictadas o grabadas al reconocido médico Guaroa Ubiñas Renville, a partir del tres de septiembre de 1985. Toribio viajaba a Santo Domingo desde su natal Cayetano Germosén (Guanábano) su retiro, a una casa de Villa Consuelo donde se reunía con el notable escritor y cirujano estético.

En estas hojas escritas a máquina se detallan situaciones de esos hechos que difieren de versiones publicadas anteriormente. Entreguistas, delatores, tránsfugas, cobardes, traidores se citan en la particular experiencia de Toribio, extraviado, solo, desorientado, con las palabras anudadas en la garganta al dejar el foco, porque “no es fácil describir” la emoción “de llegar y tocar” el suelo patrio.

Son vivencias que acompaña de juicios personales para explicar por qué determinadas circunstancias resultaron adversas. Hace críticas a un acompañante del primer viaje al que atribuye torpezas y no guarda resentimientos hacia él, dice, a pesar de que éste publicó sobre su persona “alusiones e interpretaciones incorrectas” .

“No quiero discutir con un compañero de lucha, pero considero que es una canallada atribuir “mi perdida” a propósitos personales alejados de la misión que veníamos a cumplir”. Confiesa que al contar esas historias no pretende “ni por asomo, establecer una polémica con compañeros a los cuales hemos estado ligados tan estrechamente”.

Los originales de estas transcripciones, el doctor Ubiñas los entregó a uno de los hijos del expedicionario, entonces residente en La Habana, y conservó una copia, pero ésta se extravió. Hace unos meses, sin embargo, el material comenzó  aparecer y se han rescatado la introducción y los capítulos titulados: “Eugenio, el fiero, un compañero excepcional”. “La decisión”. “Caamaño, el coronel que nos sorprendió”. “Precisiones sobre el primer desembarco”. “Ya en la orilla” y unas anotaciones finales a manera de epílogo.

Ubiñas Renville entregó esta documentación a HOY en presencia de Raúl de Jesús y Sóstenes José, dos de los vástagos del revolucionario, frutos de su matrimonio con Brunilda Díaz (Hilda). Vulnerables por el estado de salud de uno de sus hermanos afectado de una enfermedad terminal, y conmovidos al narrar detalles humanos y políticos de su padre, las lágrimas brotan en ocasiones. También surge su indignación ante las calumnias. Los otros hijos del luchador humilde son Carlos José, Manuel Augusto y Felipe Armando.

“Panfletarios” de la izquierda.  Reconoce el valor de jefes y militares de la izquierda de los años 1970 pero afirma que en el país se dieron más “panfletarios” que verdaderos revolucionarios. “Desgraciadamente la izquierda quedó llena de vicios y de caciques”, gente que nunca comprendió que “la diferencia entre un revolucionario y un reaccionario se debe manifestar al margen de la actuación teatral, el disimulo o el engaño”. Casi todos, agrega, “habían creado un panorama que hacía de su condición un modo de vivir estacionario”.

Su decisión de marchar a entrenarse militarme por la Patria, “hasta la última consecuencia”, obedecía al interés de que “el pueblo se quitara de arriba al gobierno criminal de Balaguer y los gringos,  a que aquí se instaurara un régimen socialista donde todos viviéramos como dueños de nuestras riquezas y nuestros trabajos”,  consignó.

Peña Jáquez era técnico de telecomunicaciones. Trabajó desde niño por lo que se retiró de la escuela a los once años para ayudar a su familia. Hizo cursos por correspondencia y al graduarse, a los 14, fue empleado en Telecomunicaciones. Llegó a ser encargado en la región Norte.

Realizó estudios políticos en Chile y pese a sus hazañas y milagrosa sobrevivencia mantuvo un bajo perfil pues detestaba el protagonismo “y no tenía el nivel de transigencia con el sistema porque, para moverse en ciertos medios, hay personas que hacen determinadas  concesiones”, expresa Ubiñas.

Para Toribio, dejar plasmada en un libro su historia heroica no era prioridad. Estaba convencido de que “el problema había que resolverlo por la vía armada, no le interesaba el figureo ni tenía aspiraciones económicas”.

Retirado en su campo gozaba con detalles como cocinar, era un virtuoso de la artesanía, auténtico, llano, corriente, pero, manifiesta Ubiñas, cantidad de amigos le insistía que debía escribir porque no sólo fue un participante decidido en las guerrillas. Combatió el trujillato, fue catorcista y se batió en la guerra de abril tanto como comandante de los astilleros como del cine “Lido” y aunque nunca recibió reconocimiento y murió pobre, abandonado de amigos y ex compañeros, Peña Jáquez es también una leyenda.

En estos apuntes inéditos no es el único actor. Están Eberto Lalane José, Hamlet Hermann, Manolo Tavárez Justo, Joaquín Balaguer, Amaury Germán, Francisco Caamaño, Payero Ulloa, Pérez Vargas, Claudio Caamaño. En las notas extraviadas se recuerda que hacía referencias a Neit Nivar, Juan Bosch, Pablo Rafael Casimiro Castro, entre otros.

Aunque incompleto, con esperanzas de que sigan apareciendo capítulos, este es su testimonio, en primera persona. Escrito por el convencimiento de que tenía “un compromiso con el pueblo dominicano”: hablar.

“Mi trabajo fue primero en la zona urbana, como al principio se estableció”, anotó. Y añade: “Sería de apoyo a los que llegarían pero se creó una situación que exigía mi salida del país para Curazao, luego llegaría a mi destino inmediato: Cuba.

Allí vería a un compañero excepcional: Eberto Geordano Lalane José. Luego me entrevistaría con un hombre que esperaba ver y que me llenó de sorpresas: el coronel Caamaño”.

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